Últimamente he estado bastante autocrítica y he dejado de echar la culpa a los demás (léase Pablo, porque es lo más fácil) por mi falta de decisión, por mis vaivenes constantes, por este no parar la pelota nunca.
Así vivimos, un arremeter constante, trabajar trabajar trabajar, acomodar, cocinar, bañar los niños, trabajar trabajar trabajar, soñar un poco, soñar mucho, acomodar, cocinar, bañar los niños, supermercado, ah no, hoy los llevás al cole vos, que natación que básquet que fútbol, dormir poco, soñar mucho, ahora tres horas de entrenamiento diario necesitás, y yo con ir dos veces por semana a moverme un poco me conformo, pero ahora me compré la bici y me muevo más.
Somos inquietos y soñadores ambos, somos inconformistas e idealistas. Un combo explosivo dijo mi marido.
Tenemos materialmente, espiritualmente y afectivamente mucho más de lo que hubiéramos soñado a los veinte y bastante más de lo que me juré que iba a tratar de conseguir para que mis hijos nunca tuvieran que pasar algunas necesidades que pasé yo.
Pero no tenemos una casa. No elegimos aún el lugar para quedarnos. Y el sueño de volver a Europa siempre está, pero también están las ganas de dejarnos de tantas vueltas y echar raíces, tratar de ser sensatos, alguna vez.
Creo que ahora la decisión final pasará por mí. Ya decidió mucho él por mí antes. Con cada contrato, con cada nuevo destino, con cada lugar al que nos llevó la pelota.
Mi trabajo no ayuda. O sí. Lo puedo hacer desde cualquier lado y tengo clientes cada vez más "globales". ¿Si tuviera un trabajo que no dependiera de la virtualidad y fuera meramente físico quizá sería más fácil?
Tampoco lo sé. Creo que es la esencia de cada uno. Esa esencia que nos llevamos dentro donde sea, donde sea que vayamos. Esa con la que no estoy tan peleada. Esa con la que me reconcilio cada vez más porque me conozco cada vez más. Tarea nada fácil y que nunca se termina, creo.
Así que bueno, aquí estoy, seguimos avanti. Un día que nos quedamos, un día que nos vamos, eso sí. No paramos la pelota NUNCA. Y no paramos de pensar lo mejor para ELLOS, nunca.
¿Qué pensarán estos locos lindos de sus locos padres? Por ahora, es amor incondicional.
miércoles, 21 de octubre de 2015
lunes, 24 de agosto de 2015
Mitos desterrados (o a desterrar)
También, podríamos titular esta entrada "Algunas cosas que aprendí luego de estar bastante/muy/del todo equivocada":
- Las cosas son lo que son, no lo que parecen ni lo que uno quiere que sean.
- Se puede vivir perfectamente siendo freelance. Lleva su tiempo, pero luego, si realmente sos bueno en lo que hacés, se puede.
- Se puede trabajar con tu pareja. Hay peleas que son inevitables, pero después, es una de las mejores cosas que te puede pasar. Si, fundamentalmente, querés mucho a esa otra persona.
- Se puede trabajar y mucho, teniendo niños pequeños. Se puede, es saludable, y todo depende de la estructura familiar y de sostén que tengas.
- Aquí, un punto fundamental: se puede y se debe pedir ayuda siempre que uno la necesite. Está bien y es súper saludable decir "no puedo, no llego, no doy más, ayudame".
- Las rutinas son muy necesarias. Incluso, y sobre todo, siendo padres freelance, autónomos, emprendedores, o como quieras llamarnos. Si querés y valorás mucho tu tiempo, no queda otra que establecer horarios bastante férreos de trabajo, de comidas, de baños, de tareas.
- No estás loco si creés que un típico trabajo de 9 a 5, o de 8 a 12 y de 16 a 20, o en la docencia, con vacaciones pagas pero horarios a rajatabla hasta que te jubiles, NO ES LO TUYO.
- No estás loco, diría que estás más bien bastante cuerdo, si creés que existen otras posibilidades. No estás loco, estás muy sano, si te animás a replantearte tu realidad y, sobre todo, cuando tenés hijos y valorás muchísimo el tiempo que compartís con ellos.
- No estás tan loca si preferís despertarte a las cinco y media y trabajar de seis a nueve a full para poder tener todo entregado cuando tus hijos se despierten a las nueve, desayunar con ellos, ayudarlos con la tarea y llevarlos a alguna actividad a las once.
- No estás tan loca si te tirás a dormir una siesta con tu bebé mientras los dos más grandes están en el colegio, esa media hora te sirve para cargar pilas y seguir trabajando hasta que lleguen los mayorcitos.
- No estamos tan locos si nos salimos del molde y en lugar de construir nuestra casa, esa que nos haga echar raíces, creamos negocios inmobiliarios que nos reditúen un ingreso y un capital que nos dé alas y libertad para seguir soñando, viajando, creciendo, conociendo.
- ¿No estamos tan locos si te decimos que con tres nenes de ocho, cuatro y casi dos añitos tenemos planeado cerrar momentáneamente esta etapa argentina y cruzar el Atlántico para emprender la segunda parte de esta vida itinerante?
Si llegaste hasta el final, animate a decirme la verdad.
Total, somos pocos y nos conocemos mucho.
¿Estamos tan locos?
- Las cosas son lo que son, no lo que parecen ni lo que uno quiere que sean.
- Se puede vivir perfectamente siendo freelance. Lleva su tiempo, pero luego, si realmente sos bueno en lo que hacés, se puede.
- Se puede trabajar con tu pareja. Hay peleas que son inevitables, pero después, es una de las mejores cosas que te puede pasar. Si, fundamentalmente, querés mucho a esa otra persona.
- Se puede trabajar y mucho, teniendo niños pequeños. Se puede, es saludable, y todo depende de la estructura familiar y de sostén que tengas.
- Aquí, un punto fundamental: se puede y se debe pedir ayuda siempre que uno la necesite. Está bien y es súper saludable decir "no puedo, no llego, no doy más, ayudame".
- Las rutinas son muy necesarias. Incluso, y sobre todo, siendo padres freelance, autónomos, emprendedores, o como quieras llamarnos. Si querés y valorás mucho tu tiempo, no queda otra que establecer horarios bastante férreos de trabajo, de comidas, de baños, de tareas.
- No estás loco si creés que un típico trabajo de 9 a 5, o de 8 a 12 y de 16 a 20, o en la docencia, con vacaciones pagas pero horarios a rajatabla hasta que te jubiles, NO ES LO TUYO.
- No estás loco, diría que estás más bien bastante cuerdo, si creés que existen otras posibilidades. No estás loco, estás muy sano, si te animás a replantearte tu realidad y, sobre todo, cuando tenés hijos y valorás muchísimo el tiempo que compartís con ellos.
- No estás tan loca si preferís despertarte a las cinco y media y trabajar de seis a nueve a full para poder tener todo entregado cuando tus hijos se despierten a las nueve, desayunar con ellos, ayudarlos con la tarea y llevarlos a alguna actividad a las once.
- No estás tan loca si te tirás a dormir una siesta con tu bebé mientras los dos más grandes están en el colegio, esa media hora te sirve para cargar pilas y seguir trabajando hasta que lleguen los mayorcitos.
- No estamos tan locos si nos salimos del molde y en lugar de construir nuestra casa, esa que nos haga echar raíces, creamos negocios inmobiliarios que nos reditúen un ingreso y un capital que nos dé alas y libertad para seguir soñando, viajando, creciendo, conociendo.
- ¿No estamos tan locos si te decimos que con tres nenes de ocho, cuatro y casi dos añitos tenemos planeado cerrar momentáneamente esta etapa argentina y cruzar el Atlántico para emprender la segunda parte de esta vida itinerante?
Si llegaste hasta el final, animate a decirme la verdad.
Total, somos pocos y nos conocemos mucho.
¿Estamos tan locos?
:-) :-) :-)
lunes, 10 de agosto de 2015
35 años: un nuevo comienzo
Si me hubieran preguntado a los 10 años cómo sería a los 35, creo que nunca habría dicho que me sentiría con las mismas ganas, los mismos sueños, la misma inquietud y el mismo espíritu libre que entonces.
La madurez y el equilibrio vienen por otro lado, creo.
Los 35 años llegaron de la mano de, por primera vez, enfrentarme a lo que siempre previmos pero que uno nunca sabe cuándo puede pasar: hoy, a día 10 de agosto de 2015, hace un año y seis meses que Pablo no juega profesionalmente al básquet.
Y todo llegó, como un tsunami, junto al nacimiento de nuestro tercer hijo.
Tuvimos que reinventarnos, reorganizarnos y recrearnos como familia. Yo como mujer, como mamá y como profesional. Pablo, igual. Quizá, con una transformación aun más profunda, que involucró también un gran dolor físico. Recién ahora, tras tres operaciones y cuatro meses después de la última, se siente casi al 80% de su capacidad física anterior.
¿Cuánto tengo para contar y compartir después de este año y medio? Mucho.
Por eso pensé en retomar el blog.
Quizá, pronto, comience uno nuevo. Pero la idea es reconectar con ustedes que ya me seguían en mi otra vida, aquella itinerante, para que podamos seguir en contacto en esta nueva etapa.
Los aprendizajes que me dejó este año y medio han sido tan intensos que no quiero que queden solo en mí. Si puedo ayudar, con nuestras experiencias como familia, nuestros proyectos, nuestras luchas y cada uno de nuestros logros a alguien más, realmente me haría muy feliz.
¡Hola a todos!
lunes, 6 de octubre de 2014
Tengo ganas de volver a escribir...
No sé bien cómo, qué y por qué. Supongo que necesito de nuevo dejar constancia de esta felicidad infinita, de esta vida súper intensa, de los planes que no salen como los planeabas, pero que es mejor así. De lo mucho que aprendí y de lo mucho que aprendo tropezando una y otra vez con la misma piedra. Eso, necesito hablar de esta loca y linda vida imperfecta. Ya no itinerante, agitada sí, y siempre con una mirada hacia el horizonte. Gracias por Lorenzo, gracias por Federica, gracias por Emilio, gracias por Pablo y por la locura de amor de cada uno de ellos.
lunes, 19 de mayo de 2014
el lapicito verde
Emilio empezó primer grado. Le encanta tener sus lápices de colores bien afilados y acomodados. Le encanta escribir, como a todos, con letra cada vez más chiquita y sentirse grande. Le encanta que le queden solo diez hojas de su primer cuaderno. Y le gusta, sobre todo, un lapicito verde de escribir, a pesar de que tiene como otros tres o cuatro con dibujos de Hot Wheels o que parecen incluso mejores. Pero él me dijo hace unas semanas que ese lapicito le hace escribir mejor, que es blandito, cómodo, que le hace hacer letra linda. Hoy vi que el lapicito no tenía punta. Lo afilé y en cada vuelta, se me rompía la punta. Me estaba quedando con dos centímetros de lápiz. Entonces, con mucha liviandad, y con ese apuro de los minutos antes del cole, le digo: "me parece que este lapicito no va más, lo tiramos, chau lapicito". Me miró, hizo puchero y se largó a llorar. Mi nene grande. Mi nene chiquito. Mi nene sensible. "No, no quiero, es mi lápiz querido, me lo quiero guardar en mi cartuchera, y ahora no voy a tener otro igual!", me dijo entre lágrimas. Lo llevó la vecina al cole y luego su hijo me contó que Emi se había largado a llorar una vez más por su lapicito querido antes de entrar al cole.
Tan sensible, tan intenso, tan profundo, tan activo... ser la mamá de Emilio no es fácil, pero tiene esas cosas que te iluminan la vida, que te hacen llegar al fondo de su corazón y entenderlo, amarlo y querer abrazarlo y llenarlo de lapicitos verdes, muchos, muchos, que le hagan sentir que tiene la letra mágica, la letra pequeñita, esa letra que lo hace sentir grande, inmenso, cuando en realidad es todavía tan frágil y pequeño.
martes, 22 de octubre de 2013
Los seis de Emilio, la bienvenida al segundo trimestre y la dicha infinita
La dicha infinita es Ella, Federica, la princesa de la paz, la risa constante, el amor hecho personita. Mientras tanto, los seis de Emilio llegaron justo cuando entraba en el segundo trimestre de esta panza que crece, lo que hace que mis energías hayan estado apenas comenzando a repuntar. Emilio es, a los seis, ese mismo torbellino de energías de los dos añitos, pero ahora canalizado hacia su enorme pasión, el fútbol; hacia hacer tantos amigos como se pueda; hacia participar de tantas "jodas" como se pueda; leer Gaturro, jugar con su hermanita y con su perra, alternar entre ser un amor de hermano mayor que me ayuda en todo o un mar de celos incontenible. Finalmente las náuseas pasaron y parece que se viene otro varoncito. Dejo fotos para que el aggiornamento sea completo! En breve regreso por acá. 


viernes, 16 de agosto de 2013
Julio
Julio fue así, como el post que precede a este. Mitad felicidad enorme y relax por "al menos no dar clases" quince días. Pero de locos por el lado de las traducciones. Llegaron tres clientes nuevos con encargos lindos y grandes, y los habituales me tuvieron muy entretenida. No hubo día en el que no tradujera. Al final del mes, como nunca, tuve lío con la facturación (tarea de la que se encarga mi maridito). Fue lindo. Fue productivo. Fue lleno de adrenalina. Fue sentir que esto de freelancear va en serio. Que se puede vivir de esto y muy bien. Que estoy haciendo las cosas bastante bien. Que mi sueño que empezó en 2009 dio sus frutos, y ya los estaba dando antes, y que aunque yo siempre lo tuve como "mmm, sí, pero no sé", ahora me doy cuenta de que lo tengo que pasar al rubro "sí, claro, cómo que no". Y poner todas las fichas en esto. Tienen que pasar varias cosas para que uno se dé cuenta de cuáles son las prioridades y también, a veces, se trata simplemente de creer en lo que uno hace. Lo bueno es que nunca me quedo quieta. Por si acaso.
Pero entre tanta adrenalina, y planes, y fechas y entregas, hubo algo que se me escapó de las manos. Y aunque en un primer momento debo admitir que no me lo perdonaba, porque "cómo me va a pasar a mí", cómo se me va a pasar así... ahora lo estoy disfrutando y agradeciendo. Se viene nuestro tercer hijo. Lo escribo y no lo creo. No estaba en mis planes racionales ahora, en este momento, pero siempre estuvo en mi corazón. Hoy cuando vi por primera vez su corazoncito latiendo, como una mariposa aleteando rápido dentro mío, supe que deseaba desde siempre que llegara este momento. Otra vez. Quizá fue pronto. No planeado. Sorprendente. Quizá, seguramente, fue mejor así. Bienvenido a nuestras vidas.
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