A fines de 2008 creo yo haber estado atravesando algún tipo de crisis interna, qué sé yo, alguna de tantas. Vengo pensando esto desde que empezó diciembre, cuando me pongo a comparar
aquel mes, la turbulencia de aquellos días, con la calma de estos. Esta vida gitana no es fácil, ya me queda cómoda la excusa, pero es la realidad. Y yo, creo como todos, necesito desesperadamente tener puntos de referencia, amigos, familia o pseudo familia, gente, gente con la que contar de verdad. Bué, aunque no sé si la crisis venía exactamente por ese lado, pero era como si tuviera hormigas en el culo. Necesitaba desesperadamente moverme, hacer cosas nuevas, escapar, huir... no sé bien de qué ni por qué.
Por ejemplo, ahora casi que me vienen escalofríos cuando pienso que me lancé como una loca a aquel mini viaje en París sola, con la mamá de una amiga (y Emilio), y después vino el súper micro mini maxi tour hasta Mónaco y Niza con paradas intermedias en Firenze y Génova para las fiestas. Con un nene de un año y meses... que de paso vivía enfermo.
No sé si habré quedado saturada de tanto mini tour el año pasado (o la temporada basquetbolística pasada, para ser más precisos), que se completó con innumerables visitas a Pompeya, varias a la Costa Amalfitana, Nápoles y sus pesebres, Roma varias veces, visita de muchos amigos, madre, suegro y amigos, luego viaje a Cerdeña, y concluyó con Madrid y Alicante, que ahora en este fin de año 2009 y comienzo de 2010 estoy disfrutanto mucho del sedentarismo, de lo bien que se la pasa Emilio en su nuevo hogar, de un poco de serenidad "ritrovata".
Quizá sea que este lugar tiene tanto de bello, de turístico, o simplemente "me gusta". Quizá sea sencillamente yo, que me estoy encontrando, que me empiezo a gustar, que me empiezo a querer más, que me siento reconciliada conmigo misma como mamá, como esposa, como dueña de esta vida; transición que no fue fácil. Y también el trabajo, que en diciembre llegó mucho, cargado y variadito, con cosas nuevas para descubrir y sentir que muchos esfuerzos valieron la pena.
Así empieza el 2010. Tranquilito, tranquilito. Pero feliz.
Espero, es mi deseo de corazón para este año que comienza, que todos y cada uno de ustedes puedan encontrar la serenidad y la plenitud en "ese" lugar del mundo y de la vida en el que estén plantados.