martes, 10 de febrero de 2009

Apurones de último momento

Ahora sé de dónde saliste vos, me dice mi hermana.
Mi vieja está a escasas cinco horas de subirse a un colectivo, para irse a Buenos Aires y mañana partir para aquí, y aun no tiene la valija hechaaaaa!!!!
Claro, laburó hasta último momento, quiso dejar todo listo, todo bajo control, todos los papeles firmados, etc, etc. Pero la valija, cero. Ah sí, y armó la de Luis también.
"hasta me preguntó qué me llevo", acota mi hermana, y nuevamente me río fuerte.
Me acuerdo de mis corridas, de las veces que llegaba del laburo corriendo, y fin de semana tras fin de semana me tenía que subir a un colectivo que partía en poquitas horas, para ir a ver a quien hoy es mi marido.
Justo a mí, armar fin de semana de por medio valijas, que soy negada, negada para eso.
"Falta que te diga armame las mudas", le digo a Anita...
Esa era mi pócima, mi abracadabra, cuando la cabeza no me daba más y no tenía ganas de ponerme a pensar qué llevarme, le decía que me armara ella los equipitos y la santa me armaba la valija mientras yo no sé qué carajo hacía. Seguramente me bañaba. Y no fallaba nunca.
Eso era lo lindo de vivir entre tres hermanas. Te juro que nos complementábamos a la perfección. No sólo era el guardarropas multiplicado. Era que lo que no tenía una como virtud, lo tenía la otra. Ellas las dormilonas, yo la hinchabolas que les preparaba el desayuno y las hacía levantar. Yo negada para la ropa, ellas mis asesoras de estilo, mis lavadoras profesionales, mis planchadoras, mis acomodadoras de placard. Y así infinidad de cosas.
Cuánto tuve que aprender en estos años de autonomía. Tuve que aprender a hacer todo solita. Sin Angie que lave los pisos, que deje todo reluciente en un sábado de huracán hacendoso. Sin Ana que cocinara, o que lavara los platos alternadamente.
Y eso que tengo un marido co-la-bo-ra-dor (lo aclaro porque después viene y dice que soy desagradecida!).
Pero como ellas no hay. Eramos el trío perfecto!
Y ahora no sólo me las tengo que arreglar con mi propia almita, con mi propia vida, sino también con la de dos hombres.
A veces pienso que sí, que definitivamente soy negada para todas estas cosas prácticas de la vida.
Otras descubro que no. Que es cuestión de voluntad. Y a fuerza de insistir, creo que hasta me sale bien ser ama de casa no tan desesperada.

lunes, 9 de febrero de 2009

Mi mamá y mi suegro

Este tema creo que ya lo toqué por arriba en otras ocasiones, pero bueno, ahora urrrrrrge explicar un poco las cosas, porque en esta familia las ramas del árbol genealógico se han enredado un poco más de lo normal, digamos.
El jueves llega mi mamá, como ya saben, recontra saben y se han puesto más que felices por mi alegría. Pero con mi mamá llega también mi suegro. O sea, el papá de Pablo. La felicidad es doble. O cuádruple. O quíntuple. Porque Pablo podrá llevar a Luis a ver los entrenamientos, charlarán eternamente de básquet, se irán los tres con Emilio al parque, disfrutarán de esas cosas de hombres, hablarán de autos, de historia, discutirán algún documental, y de nuevo más babas con Emilio, Miñooo, como lo bautizó mi suegro-padrastro a su nieto por partida doble.Y Pablo estará súper feliz, y Luis ni hablar, le parecerá un sueño compartir la vida diaria con este hijo que hace desde los 18 que gira por Argentina y por Italia, y que es tan independiente, y que sin embargo también necesita tanto de ese calor paternal.
Y mi mamá no va a caber en sí misma de tenernos toditos para ella, a mí, al Pastorcito, de acompañarme al mercado, de elegir juntas la verdura, la carne, volver y cocinar ("cocinar para mí es un placer, así que alguna vez me vas a dejar hacerlo", me anticipó el otro día cuando le dije de mis intenciones de no dejarla ni acercarse a las hornallas), de recorrer las calles italianas, de ver el Mediterráneo, de ver ruinas romanas, de conocer Europa.
Y Emilio feliz con tantos mimos. Y yo feliz por mí y por cada uno de ellos.
Mi mamá quedó viuda a los 39 años, algo que para mí es muy doloroso, por eso trato de no hablar mucho de esto. Durante cuatro años se la bancó con una entereza increíble, nunca la vi tirada llorando, salió a trabajar (más que antes) haciendo de padre y de madre, no nos hizo faltar nada, mis hermanos y yo (entre 15 y 9 años) la ayudamos en todo lo que podíamos. Nos las arreglamos bastante bien, como pudimos. Nos unimos más que nunca. Entre hermanos y con mi vieja. Yo sé que nuestra relación es indestructible, pase lo que pase, y es una de las cosas que me hace más feliz en la vida.
Un año después de que mi papá muriera, yo conocí a Pablo, y empezamos nuestra primera etapa de noviazgo... hubo peleas, alejamientos, reconciliaciones. Pero aquí estamos todavía.
En el 98 me parece, el papá de Pablo se divorció de su mamá, se quedó con su hija en su casa, sus dos hijos mayores ya estaban uno estudiando, el otro jugando al básquet. Pasó un tiempo, y un día así como si nada (me acuerdo, estábamos lavando y secando platos, respectivamente), mi mamá me dijo: "sabés qué, yo no saldría con ningún hombre en este momento de mi vida, pero si realmente pensara en alguien, ése podría ser el papá de Pablo". Y así fue, le comenté a mi noviecito, que justo estaba de receso del básquet, y él al interesado, obviamente, y fueron tardes de mate, de jugar a las cartas los cuatro, y luego de salidas los dos solos... y empezó la relación. Una relación que hace felices a dos personas estupendas, a dos personas que quiero mucho, a dos personas que se merecen mucho esta felicidad.
No fue fácil para los hijos de ambas partes. A veces, bastante seguido, tenemos reclamos, o diferencias de criterio. Somos una familia numerosa y enquilombada. Cuatro hijos de nuestra parte, siete del otro. La ex del nuevo marido de mi mamá, que a su vez tiene un nuevo marido, que es mi suegra y abuela de Emilio. Tíos de parte de mi papá que seguiremos siempre queriendo como familia del alma y de sangre. Tía de parte de Luis que tiene excelente relación con mi mamá, su nueva cuñada. Abuela de Pablo que es casi como su mamá, a la cual yo también quiero mucho... mis abuelos que adoptaron a Luis casi como un hijo más. Pueden imaginarse lo que son las fiestas familiares... lo que fue el bautismo de Emilio!!!

Ahora estaremos aquí solos los cinco, y podrán disfrutarnos como nunca, sin tironeos, sin reclamos, sin culpas. Se lo merecen, de verdad.



martes, 3 de febrero de 2009

No era sólo idea mía...

A los hechos me remito:
En este mes de enero que acaba de pasar, se registró el récord absoluto de lluvias en Nápoles y alrededores (según el Observatorio de la Universidad, que funciona desde 1872).
Fueron nada más y nada menos que 321 mm. El viejo récord quedó chiquitito... apenas 280,2 mm en otro enero, allá por 1915.
Además, así como para que me quede tranquilita, agregan en el diario que considerando que en esta zona las precipitaciones anuales promedio son de 870 mm, en el hermoso y mojado mes que acabamos de despedir (y acá hago una cuenta estúpida), se acumuló más de un tercio del previsto!!!!
Ves, por eso extraño tanto Cagliari. 300 días de sol. Pero el 2009 ha sido así extraño, porque hasta en la isla del sol eterno hubo récord de lluvias, inundaciones y aludes impensables.

jueves, 29 de enero de 2009

Vulnerablemente feliz

Estoy súper feliz y aun un poco atontada porque finalmente, tendré a mi mamáaaaaaa del 13 de febrero al 7 de marzo aquí entre nosotros!!!
No sé bien qué me anda pasando, me siento medio pelotuda, la verdad. Mi hermana, la que comenta seguido por aquí y que me conoce como pocas personas, me escribió en un mail que por primera vez leyendo el blog el otro día me sintió frágil, desprotegida, hasta chiquita. Yo, la hermana mayor, la segunda mamá (en sus propias palabras eh)... yo (y ahora va con mis propias palabras) que siempre me sentí fuerte, que el mundo no tenía fronteras para mí, que podría lograr lo que me propusiera, soñadora y optimista, sensible pero fuerte, emprendedora, inquieta. Hasta autosuficiente. Que eso no es ninguna virtud. Lo admito. Tanto tiempo di esa imagen de mujer todopoderosa, de súper magui, de la que se venía tras su amor con un proyecto, la que extrañaba como loca su país y su gente, pero se la bancaba bárbaro... no sé. Me parece que como una vez dijo Marian, la maternidad me hizo más vulnerable. No tengo ningún miedo ahora a decirles que sí, que no me la banco, que necesito de vos mami, que necesito de ustedes hermanitas.
Así que bueno, me viene mejor imposible la visita de la mammma. Y así ando por la vida, medio borracha de entusiasmo, con pilas súper cargadas, con más ganas y energías que nunca, hasta lavo los platos con alegría, mirá vos si estaré loquita, ja. Empecé el gimnasio (pero eso fue antes), y ando con dolores, pero creo que mover las cachas también contribuye a que las endorfinas operen cual droga, y levanten mi ánimo maltratado.
Ah y el sol, sí, el sol que se dignó a salir dos días seguidos!!!!
Y mi marido, maridito adorado también, que me mima y no me puedo olvidar de él. Que el sábado me trajo un vino tinto espectacular, de la Puglia, que venden suelto en uno de esos negocitos de "alimentari" que hay por acá, y también jamón crudo (mi perdición), y unas mozzarellas de bufala que pa' qué contarles. Eso me tuvo el ánimo y el espíritu bien, bien alto todo el fin de semana. Que me cuelga la ropa cuando menos me lo espero y más lo necesito. Que el lunes que es su día libre hizo dormir a Emilio la siesta y también lo durmió a la noche, dos tareas muy muy arduas, porque el enano tiene pilas súper recargables, y encima necesita contacto físico para dormirse... por ende, me voy a la cama con él y termino planchada yo antes que el niño (y me da mucha bronca).
Y también vi Sette Anime (Seven Pounds), la peli de Gabriele Muccino con su muso inspirador Will Smith, y lloré sin parar, qué masoquista soy, pero me encanta ver películas y llorar qué le vamos a hacer. Y estoy terminando el segundo libro de la Saga de los confines, que no lograba atraparme, y finalmente ahí me tiene. Y me compré uno más que me está esperando ahí, uno de Banana Yoshimoto, no me pregunten por qué, sin recomendación de nadie, me dieron ganas y me lo compré. Mimitos culturales.
Y por supuesto Emi, su sonrisa eterna, sus carcajadas, sus besos estruendosos y babosos, su alegría cuando va y sobre todo cuando vuelve del jardín, sus abrazos, sus saltos y sus cantos y sus bailes. Verlo crecer tanto, verlo correr, verlo tirar al aro, y tener tanta puntería, y babosearnos, y reconocer que tiene también del padre, y que se acomode el abrojo de la zapatilla y ver de nuevo que tiene tanto del padre, tan prolijito.
Y ustedes también, que virtualmente me hacen el aguante.
Muchas cosas por las cuales estar feliz.
Muchas cosas por las cuales estar vulnerable, sí, pero vulnerablemente feliz.

martes, 27 de enero de 2009

Leyones


"La lectura no da plata, no da prestigio, no es canjeable…es una manera de vivir, y los que de esa manera vivimos querríamos inculcarla en el niño y contagiarla al prójimo, como buenos viciosos… Por ese hábito perdimos trenes, empleos, novios, concursos, status, ascensos y días de sol" (María Elena Walsh).

viernes, 23 de enero de 2009

Enero

El primer mes del año en esta etapa de mi vida suele pasar así, lentamente, con el paso pesado, con los engranajes que no se animan a empezar a funcionar aceitadamente, con la resaca de las fiestas, con un invierno demasiado largo, con demasiadas lluvias. Nada que ver con aquellos eneros que volaban, con las energías que no alcanzaban para repartirse entre la natación, los torneos de verano, las amigas, los amigos, los partidos de truco, la pileta de la abuela, el helado de Frigor, el de Dolce Neve, o mejor el de Polo, dale... las bicicleteadas hasta tarde, que se haga medianoche y seguir jugando en la calle, buscando calmar en la oscuridad y en la brisa de esas horas el calor ingrato del día.
Ahora no. Hace tres meses que llueve. Lo juro. Ininterrumpidamente. Programo mis días mirando el meteo por la tele, porque si Pablo se lleva el auto sé que me espera la parodia de Misión Imposible con Emi en casa, que ya entendió a la perfección cómo funciona esto, y que lo divertido está afuera, sí, detrás de esa puertita que nos separa del mundo. Y va y se busca el gorro, y la campera, y me señala las llaves (cómo cazzo es tan observador de saber que para salir necesitamos "eso"?), y me habla en su idioma incomprensible, pero con una gestualidad que lo dice todo. Bueno, eso. Que no es justo que desde octubre a hoy los días sin lluvia se cuenten con los dedos de una mano. Y eso que "esta es zona de sequía", me acota mi vecina...
Y la nostalgia, la nostalgia que se me instala en medio del pecho, llega con toda su fuerza en enero, acampa aquí donde es imposible removerla. Y siento la imperiosa necesidad de que alguien de mi familia, un amigo cercano, alguien muy querido, se me aparezca por esa puerta, sí, esa puertita que nos separa del mundo. Hay días, en estos eneros, que me despierto con síndrome de abstinencia familiar. Y quiero gritar. Quiero sentarme a tomar mate con ustedes. Quiero que me escuchen, quiero escucharlos. Quiero empezar a tejer de una vez por todas y que te sientes conmigo mamá, con la abuela, a explicarme cómo cerrar los puntos, cómo aumentar, cómo reducir, y todas esas cosas que se me adivinan imposibles. Todos los años, sobre todo en enero, les ruego que se vengan. Y Pablo hace lo mismo con los suyos. Pero lo sé, es demasiada plata. Para ellos y para nosotros. Y quedamos siempre ahí, a mitad camino, en el tire y afloje, en los hipotéticos viajecitos que haríamos, en la comida rica que les cocinaría todos los días, en cómo disfrutarían de Emilio.

Este año parece que tantos ruegos de enero no caerán en saco roto. Las hermanitas están juntando la plata. Mi mamá cuenta con un dinero extra... y a mí se me está haciendo agua la boca por adelantado. ¿Valdrá la pena ilusionarme?




En uno de esos pocos días de sol....

viernes, 16 de enero de 2009

Sólo un control...

Mañana, o mejor dicho, dentro de unas horas, tenemos turno para control de las caderas de Emilio. Ustedes ya saben de la historia, lo conté acá, y acá, y varias veces más el año pasado. El final de la historia nunca se los conté bien, ya me tenía podrida el asunto. Pero resulta que el control de mayo dio que todavía faltaba un poco más, que en junio (un día antes de volvernos a Arg) volvamos y le hagamos una radiografía y lo llevemos a control. Para esa altura Emi ya no soportaba más el arnés (tenía 8 meses) y lo rompió, mientras estábamos de vacaciones en Cerdeña. Volvimos, le hicimos la radiografía, el doc que se la hizo dijo "pero este chico no tiene nada! a ver, vengan los padres". Mostramos las ecografías precedentes y dijo que según su parecer nunca le tendríamos que haber puesto el arnés. En fin. Distintas posturas. No llegamos a ir al doctor que lo venía siguiendo al gordo (por razones obvias, equipajes por armar, etc, etc) y decidimos hacerlo ver directamente en Arg, por una doctora muy capa en Córdoba. Allá la doc me dijo que estaba bien, que no le ponga más nada, que lo estimulara a gatear, etc, etc, y que en un mes le hiciera otra radiografía y volviera. Así hice, y con esta radio, me dio el alta y me dijo que estaba perfecto. Y así me vine a Italia. Con el alta de la doc argentina, tranquila, Emilio gateando con todas sus ganas y empezando a pararse.
Ahora, desde fines de noviembre el gordo camina, al principio muy torpemente, ahora ya prácticamente corre, y yo, madre paranoica, no puedo dejar de mirarle las piernas y perseguirme con que renguea, tambalea, que no están bien las piernitas, las mido una y otra vez y no me convenzo, las veo de igual longitud, y después de nuevo a medirlas. Me vuelvo loca.
Y para que no siga volviéndome loca, y volviéndolo loco a él, Pablo me consiguió un turno con un traumatólogo en Nápoles. Mañana vamos y por supuesto estoy cagada en las patas. Sé que hicimos todo, todo bien (salvo aquel último control el día antes de irnos a Arg, y eso me carga de culpa... pero nena, después lo vieron en Cba a la semana, o sos loca vos! me retruca Pablo).
En fin, contarles un poquito, necesito apoyo logístico.
Deséenme suerte...