Ahora sé de dónde saliste vos, me dice mi hermana.
Mi vieja está a escasas cinco horas de subirse a un colectivo, para irse a Buenos Aires y mañana partir para aquí, y aun no tiene la valija hechaaaaa!!!!
Claro, laburó hasta último momento, quiso dejar todo listo, todo bajo control, todos los papeles firmados, etc, etc. Pero la valija, cero. Ah sí, y armó la de Luis también.
"hasta me preguntó qué me llevo", acota mi hermana, y nuevamente me río fuerte.
Me acuerdo de mis corridas, de las veces que llegaba del laburo corriendo, y fin de semana tras fin de semana me tenía que subir a un colectivo que partía en poquitas horas, para ir a ver a quien hoy es mi marido.
Justo a mí, armar fin de semana de por medio valijas, que soy negada, negada para eso.
"Falta que te diga armame las mudas", le digo a Anita...
Esa era mi pócima, mi abracadabra, cuando la cabeza no me daba más y no tenía ganas de ponerme a pensar qué llevarme, le decía que me armara ella los equipitos y la santa me armaba la valija mientras yo no sé qué carajo hacía. Seguramente me bañaba. Y no fallaba nunca.
Eso era lo lindo de vivir entre tres hermanas. Te juro que nos complementábamos a la perfección. No sólo era el guardarropas multiplicado. Era que lo que no tenía una como virtud, lo tenía la otra. Ellas las dormilonas, yo la hinchabolas que les preparaba el desayuno y las hacía levantar. Yo negada para la ropa, ellas mis asesoras de estilo, mis lavadoras profesionales, mis planchadoras, mis acomodadoras de placard. Y así infinidad de cosas.
Cuánto tuve que aprender en estos años de autonomía. Tuve que aprender a hacer todo solita. Sin Angie que lave los pisos, que deje todo reluciente en un sábado de huracán hacendoso. Sin Ana que cocinara, o que lavara los platos alternadamente.
Y eso que tengo un marido co-la-bo-ra-dor (lo aclaro porque después viene y dice que soy desagradecida!).
Pero como ellas no hay. Eramos el trío perfecto!
Y ahora no sólo me las tengo que arreglar con mi propia almita, con mi propia vida, sino también con la de dos hombres.
A veces pienso que sí, que definitivamente soy negada para todas estas cosas prácticas de la vida.
Otras descubro que no. Que es cuestión de voluntad. Y a fuerza de insistir, creo que hasta me sale bien ser ama de casa no tan desesperada.


