viernes, 11 de marzo de 2011

Mates con ella...

Hoy es una de esas mañanas en las que empezás temprano, y sin embargo, la procrastinación (¡palabra del año!) te doblega sin que puedas hacer demasiado. Pruebo todas las estrategias de "productividad" que leo en algunos blogs por ahí, y no, no hay forma, la concentración tarda en llegar e instalarse. Emilio se despertó a las siete, a las siete y media ya quería jugar al básquet conmigo, que pueden imaginarse las ganas que tenía de andar saltando y corriendo por el living de casa, sin haber desayunado. Negociamos y desayuné y luego jugamos básquet. Y luego dejame que plancho tu delantal, bueno má, yo juego un rato con Manny Tuttofare. Negociando, negociando, saco la basura, le lavo los dientes (persiguiéndolo por toda la casa), le pongo perfume, lo peino y partimos. Ah no, me olvidé los pañuelitos de papel, vuelvo a subir, busco y finalmente salimos. A las nueve ya estoy en casa de vuelta, con ganas de tomarme unos mates y ver si arranco con varios trabajos pendientes, de esos que no son urgentes, pero para los que "hay" que sentarse, para escribir, para lograr algo bueno, para mandar a diagramar. Respondo mails, reviso la cuenta del banco, hago tareas mínimas mientras postergo las importantes. Me hago el mate, finalmente, me como una tostada con mermelada de mandarinas (alucinante). Y ella que patea, patea, qué bueno que te guste el mate. No lo puedo creer todavía, será ella, será una nena, y si bien se me parte el alma cuando veo algo de desilusión en la mirada de Emilio, que lo siente casi como una derrota de género ("mami, y Tommaso va a tener una hermanita también, no es cierto"... "no hijo, él va a tener un hermano"... "no, no, feminuccia, feminuccia también"), no puedo esconder mi ilusión y mi alegría, por esa compañera de la vida que imagino en esta hijita.
Mientras intento controlar los impulsos de comprar ropita irrefrenadamente (tuve que hacer alguna que otra compra, absolutamente justificada, porque con las liquidaciones invernales encontré gangas increíbles... y los precios que me comentaron de Argentina me parecen ridículos), busco información para hacerme una eco 3D y confirmar, otra vez, que sea ella.
Y también llega el nombre, ponernos finalmente de acuerdo, sentir que va perfecto con ella, con ella que está y no está, que imagino, que sueño, que me acompaña, que se va plegando a mis ritmos y a mis gustos, que ya amo tanto. Y que, vamos, también a Emilio está conquistando poco a poco. Tanto que ahora no se duerme sin preguntarnos: "¿Mami, papi, saludaron a Federica?".
Muero de amor.

sábado, 26 de febrero de 2011

Cosas que pasan...

Febrero es un mes demasiado breve y cargado de muchas cosas, y a mí que últimamente el tiempo me pasa demasiado rápido, se me esfuma de entre los dedos sin que llegue a darme cuenta cómo y cuándo sucedió todo, este año directamente me superó. El San Valentín me encuentra siempre mal parada, improvisando algo, pidiendo perdón o acordando tácitamente que no habrá demasiados homenajes, porque total "nosotros sabemos que nos amamos" (cosa que no está tan buena tampoco). El 22... ay, el 22. Emilio tenía fiebre y siendo las 22, estábamos los tres en la cama grande tratando de que se duerma, controlándolo, y calmándolo. Suena el teléfono, y semi dormida, atiendo. La voz de mi mamá: "¡¡¡Felicidades!!!"... silencio total, mi cabeza tratando de conectar las pocas neuronas sueltas que andaban por ahí a esa hora... "¿qué, por qué, de qué?... ah, no, no te puedo creer, mi aniversario de casadaaaa!!!". Me olvidé completamente por primera vez en cuatro años. Siento que es grave. Y en una semana justita, el primer día de marzo, pero que parece casi febrero, llega el cumple de Pablo, mi oportunidad siempre para redimirme después de las omisiones por las otras dos fechas importantes.
Y mientras tanto, la panza crece, hicimos ecografía pero no pudimos saber todavía si es una nena u otro varón. Estoy en la semana 19 y espero ansiosa el viernes que viene para poder darle una identidad definitiva a este otro bebito que crece también demasiado rápido.
Y tengo también pasajes en mano para el 30 de abril volar hacia Argentina. Y tengo la certeza de que quiero intentar el parto natural después de la cesárea. Y la alegría de ya sentir sus movimientos. Y de que Emilio me pregunte a cada ratito por su hermano, o hermanita, que se invente nombres, que haga planes, para cuando estemos con los abuelos, para cuando seamos cuatro, para cuando tomemos el avión. Y el orgullo de que ya escriba su nombre. Y las ganas de comérmelo cuando lo tengo en casa para que no se enferme, y le digo, te quedás acá, no vas al cole, así yo te cuido, y que cuando se despierte me diga "mami, gracias, gracias por cuidarme". Y que su primer dibujo "de la figura humana" haya sido yo con el bebito en la panza. Y también Papá Noel, su personaje favorito, una mezcla de monstruo que encarna todos los miedos, y de generosidad inmensa que todo lo puede.
Todo pasa demasiado intensamente, tengo todo lo que quiero, y lo que no está ahora, es casi como que tengo la absoluta certeza de que llegará. Todo en su momento. Hubo un tiempo lleno, llenísimo de sacrificios. Pero siento que cada uno de esos momentos de distancias, de despedidas eternas, de volverme y sentarme frente a los libros, con el corazón anestesiado para no extrañarlo, y con la obstinación de correr tras mi meta para poder tarde o temprano estrecharme en sus brazos para siempre, pero con algún logro absolutamente mío en mi haber, todo, todo eso valió la pena. Incluso las ilusiones rotas y el orgullo herido. Las idas y vueltas. Las lágrimas. Los aeropuertos. Las terminales y los colectivos olorientos.
Y después Emilio, pelearme con mi yo, ese yo que había construido con tantos años de luchas internas y batallas externas, esa identidad de mujer fuerte e independiente, de mina autosuficiente, entender que algo tan pequeñito podía derrumbar todas tus estructuras. Seguir adelante. Y después de asomar la cabeza entre las aguas oscuras del puerperio, buscar nuevos desafíos, ponerme nuevos objetivos. Y lograrlos. El año pasado laburé mucho, mucho, mucho. Muchas más horas de las que podría haberme imaginado. Era un desafío para mí misma, era reestructurarme y reencontrarme conmigo después del maremoto de la maternidad. Y todo fue posible gracias a la generosidad inmensa de Pablo, al padre increíble y al compañero incondicional que es. Hoy estoy aquí, reinventada, y feliz, y dispuesta a abrir mi corazón de nuevo a ese bebito que vendrá a revolucionarme otra vez la vida. Y a multiplicar el amor que nos sostiene como familia.
El blog también es parte de todo ese camino. Por eso tenía que contarlo también aquí. Sobre todo aquí. Gracias por escucharme.

lunes, 21 de febrero de 2011

domingo, 20 de febrero de 2011

me molesta tanto silencio en este blog, y sin embargo no sé por dónde recomenzar.
creo que ya está.
recomencemos.

domingo, 23 de enero de 2011

Domingo tipo...

Ah, no tengo ganas de ponerme a buscar dentro de mi propio blog, pero hace como dos años yo había dicho que por estos lares y mientras dura el campeonato de mi maridito, los domingos se clasifican en tipo A (se juega en casa) y tipo B (se juega afuera, de visitante). O al revés. Pero poco importa.
Hoy es uno de esos tipo A. O B. Pero bueno, como sea, se juega en casa. Se come pasta en blanco (con mucho aceite, que me cayó pesado como vaca en upa, lo único que falta es que me caiga pesado el aceite de oliva en este país, y con este marido). Y ensalada también, fruta y café. Se trata de joder lo mínimo posible (o sea, no pases la aspiradora como una tarada, antes y después de comer, calmate un segundito, dame bola, quedate al lado mío, preparame un té). Se insiste por todos los medios al retoñito para que duerma la siesta y no joda tampoco él. Se trata de pensar en un vestuario más o menos arreglado para ir a la cancha. E inicia la carrera frenética para lograr que el niño se despierte de buen humor, te permita arreglarlo también a él, y llegar a tiempo -mínimamente- para la presentación del equipo. Si podés estar media hora antes mejor, porque me pongo nervioso. Sí, sí, claro, a veces que el niño se duerma a las tres y a las cinco ya esté en la cancha con sus mejores ropitas y su mejor humor no es muy compatible, te diré.
Mientras tanto, la translucencia dio bien, la pancita comienza a crecer y yo casi a imaginar que es posible tener otro hijo además de Emilio. A veces pienso en todo lo que es este crío que tengo y hago listas imaginarias: pura energía, risas y más risas, divertido, simpático, comprador, cascarrabias, llorón, impaciente, testarudo, incansable, memoria infalible, parlanchín que no para un segundo de hablar, demandante a más no poder, mimoso, ¿inquieto ya lo dije? Y pienso en que quizá este otro hijo venga a compensar ese maremoto arrollador que es mi primogénito. Porque quien es padre de uno quizá me entienda, es esa exclusividad, es ese sentir que ese niño lo es todo, que no habrá otro igual, que esa risa que ese olor que ese llanto... son irrepetibles. Y sí, tonta. Pero es como que ahora me cae la ficha y empiezo a sentirme preparada para alguna otra cosa, para albergar de nuevo lo desconocido, enfrentarme a esa criaturita única que se trae consigo un universo distinto, para ponerte a prueba, para descubrir costados insospechados de la vida y de uno mismo.
Y volviendo al plano de lo terrenal, digamos, cada vez más convencida de lo bien que hago en irme a tenerlo a Argentina. Lo cual no quita un cagazo considerable por embarcarme en un viaje transoceánico con el embarazo al borde del séptimo mes.
Hasta aquí las news y los delirios.
Corro a prepararme... ci vediamo presto!

lunes, 10 de enero de 2011

¿Cómo era eso?

Sí, eso de que había recargado energías, y eso se aplicaba a muchas cosas, entre ellas al blog? yo dije eso? Bueno, las sensaciones a veces no son exactamente la realidad. Uno puede intuir algo y luego que ese algo te abandone a mitad camino. Hay ciertos momentos de tu vida en los que tomar las riendas se hace más que difícil. Hay algunos momentos, en especial, en los que hay algo más que decide cuándo y cómo y dónde vos vas a estar con todas las energías, y cuándo no. Y la voluntad está, juro que está, siempre. Pero a veces no basta. Yo soy una testaruda sagitario, y energías siempre me sobran, y ganas de ir para adelante, sobre todo con lo que me gusta. Pero ya entendí que cuando una es madre, los tiempos se manejan de otro modo. Si hay algo que aprendí desde que soy madre, es eso! Que no puedo ir contra ciertas cosas! Y poco acostumbrada como estaba a ceder tiempos, mis tiempos de trabajo, de estudio, de dedicarme a LO IMPORTANTE, parecía totalmente absurdo que una cosita tan pequeñita que lloraba y lloraba dictara a piacere los tiempos de mi vida. Aprendí ya a no pelearme con eso. Y como el puerperio creo que quedó atrás hace quizá poco más de un año, ahora, con las lecciones bien aprendidas y las energías recuperadas, mi lugar en el mundo Yang de nuevo en mano, nuevos desafíos y nuevos objetivos cumplidos -como tan sabiamente dice Laura Gutman- ¡me quedé embarazada otra vez!
Y esa nueva cosita pequeñita ya desde adentro anda determinando cuántas energías tendré yo tal o cual día. Y en qué momento del día. Las mañanas ya no me rinden tanto. No me levanto tan temprano para evitar las náuseas matinales, pero las de la tardecita noche son peor!!! Ya no sé qué comer ni cocinar. Que me dé asco la pizza y el aceite de oliva en este país es un atentado a la moral de la gastronomía mundial. Pero están esos otros grandes placeres que son los "antojos" cumplidos. Ese día que sólo una palta podía hacerme feliz, y me la encontré solita, toda para mí, en un Despar alejado al que nunca voy a hacer las compras. En un país en el que pocos saben qué es una palta, cabe aclarar. O como anoche que medio incrédula, y con ganas de comer pescado desde hacía tres días, me pedí una orata en una pizzería y me trajeron un manjar de los dioses. Cuánto puede disfrutarse ese plato que no sólo tenés ganas de comer, sino que te sienta TAN BIEN!!!!
Bueno, muchachas, muchachos (si hay alguno por ahí), así es. Después de mucho amagar y medio anunciarlo por aquí o por allá, parece que largamos con la segunda tanda de maternidad. ¿Distinta? Segurísimo. Pero con ganas de seguirla compartiendo aquí con ustedes. ¿Miedos? Claro, muchos, los de siempre, quizá algunos menos. Ya termino el primer trimestre, por eso me animo también a compartirlo acá. El viernes hicimos la eco de la semana 12 y aunque no pudimos hacer la translucencia porque no lograba enfocarle el bendito cuello, fue un placer verlo (o verla) moverse tanto, abrir sus manos, mover los brazos de arriba a abajo como si quisiera dar puños a ese doctor que lo/la molestaba tanto. Ahora habrá nueva cita el martes que viene. Irán sabiendo!!!
¿Y Emi? Emi feliz, pregunta todo el tiempo por su hermanito/fratellino. Mamá cómo está el bebé?? Mamá cómo estás vos?? Bien hijo. Ah bueno.
He dicho!

lunes, 27 de diciembre de 2010

¿Hay alguien ahí?

Pssst... volví... si es que hay alguien ahí todavía.
Me fui, volví, cargué pilas, había llegado a un momento de hastío casi con todo. Creo que el aire del volcán activo más alto de Europa (el Etna, pero no me digan que Mungibeddu, el nombre en siciliano, no es mucho más lindo) le dio una buena sacudida a mi espíritu.
Ando con muchas más ganas de todo, y en ese todo también está el blog. Así que aquí estoy, bienvenida de vuelta a mí misma.
¿Hace falta que les diga que espero que hayan pasado una navidad en paz? Yo tuve exactamente lo que quise, paz, amor, familia, y cambiar de aire. Ah, y también juegos en la nieve!! Hasta culipatín. Increíble esta Sicilia, que en poco más media hora te lleva de la nieve del volcán a la brisa templada del mar. Sigo enamorándome de esta isla, sigo agradeciendo todas y cada una de las oportunidades, sigo extrañando horrores a todo lo que está allá, al otro lado del océano... tanto que hasta me da cosa nombrarlos. Pero el balance es siempre positivo.
Dejo dos videítos de mi hijo, madre babosa si las hay, pero creo que si vuelven por acá es que algo de simpatía por mi niño les he creado, si no ya se hubieran ido hace rato!!!!
Verán que Emilio está totalmente enamorado de Dios, tengo miedo de que en la escuela esas maestras tan angelicales sean en realidad enviadas malditas de alguna secta... pero él está tan feliz, que en realidad poco importa.