jueves, 8 de marzo de 2012

Al cuadrado

- Hoy hice lentejas para toda la familia. Y Federica se comió su buena porción, procesada, junto con las cebollitas y el zapallo en el que se hirvió todo. Esta chica come hasta bulones, como se suele decir. Qué satisfacción.
- Ayer dije en el jardincito de Emilio que estos seguramente iban a ser sus últimos días, que el lunes ya no va a ir más, que va a empezar su jardín en mi pueblo de Córdoba... Y la maestra me dijo: "¡Qué pena! Es que Emilio es un espectáculo. Ojalá todos los chicos fueran como él". Qué satisfacción, bis.

lunes, 5 de marzo de 2012

La vida es bella, ella es bella





Yo recuerdo muy bien cuánto blogueaba cuando Emilito tenía la edad de Federica. Necesitaba la catarsis casi diaria (y el apoyo de la red de mamás que más o menos hemos ido armando) casi como al agua, como al aire. Ahora es un poquito diferente. Bastante diferente. Sin dudas, soy otra. Con otras seguridades como mamá. Ella es diferente. Es una santa. Pero estoy convencidísima de que todo pasa también por mis seguridades y la tranquilidad que logro infundirle (creétela sí, creétela!).
No pasa ni siquiera por estar en Argentina o no, creo. Ella fue así, una bebita pancha y sonriente, casi desde el nacimiento. Tuvo sus ataques de llanto, sí, no crean que no. Cólicos vespertinos, o como quieran llamarlos. Deben haber durado dos semanas o más. Todas las noches antes de dormirse lloraba a gritos desde las 22 hasta la medianoche, o como sea, una hora y media o dos antes de lograr caer rendida. ¿Gases? ¿Nervios acumulados durante el día? Quién sabe... yo solo atinaba a estar tranquila, decir "ya va a pasar", ponerla en la teta, en la cama, abrazarla fuerte, acunarla. Todo. Pero todo con calma, y con esa "consapevolezza", esa certeza absoluta de que "ya va a pasar". Eso que te da solo el haberlo pasado alguna vez antes.
Ahora tiene siete meses, dos dientes, pelos dorados tirando a anaranjaditos, pelitos largos pero tan finitos que parece que se fueran a volatilizar, muchos rollitos, una panza que se le cae del pañal, y sonrisas pícaras a toda hora. Emilio vuelve del jardín y solo pregunta por ella. Ella le devuelve todo su amor con babas que se le caen y la sonrisa que se le sale de la cara, además de abrazos y tatatatata en la cara de su hermano. Pero el amor inmenso es con él, con su papá, nunca pensé que iba a ser tan marcado. Si lo ve pasar, le grita, lo llama, y si él no responde se larga a llorar desconsolada.
Sé que voy a pecar de madre babosa, pero no importa. Si Emilio tardó como dos años y medio en hablar, creo que ella va a compensar. Además de los tatatata, dice papa, papá, mama, mamama, identificándonos! Y el otro día -juro que es verdad, aunque solo sea casualidad, déjenme contarlo- le dije: "Vamos a tomar teta?", y ella respondió "Ateta!".
Ahora sí, le debía un post todo a ella, porque hace la vida más bella de lo que ya es.
Federiquita bella, mi chinita, Chuquita de mamá.

sábado, 25 de febrero de 2012

Ellos, el verano, olorcito a felicidad



Siempre, siempre, toda mi vida, amé el invierno. Herencia de mi madre. Qué lindo que es el invierno para poder hacer tortas y escones, encerrarte a tomar café con leche o matear tranquilos, es más lindo para ser productivos también, nada de andar de aquí para allá sudando la gota gorda para hacer trámites, o simplemente sudar frente a una computadora, como me sucede desde que estoy aquí. Pero creo que ya me acostumbré a sudar feliz. Tomo tereré y transpiro. Me acostumbré a bañarme todas las veces que pueda y tenga ganas, a que a pesar del aire acondicionado haga calor en casa, y que ni siquiera de noche se puedan abrir las ventanas para que refresque. Pero qué lindo que es el calor correntino. Ahora entiendo por qué también acá tienen los mejores carnavales del país (que no se ofendan los de Gualeguaychú).
Me quedan pocos días correntinos y ya estoy extrañando esta ciudad. Un mes y medio largo hace que estoy aquí y creo que nunca me adapté tan rápido a algo. El otro día cuando llevé a mi hermana a la Costanera, manejando, y mostrándole las calles (que Emilio ya se sabe de memoria), me di cuenta cuánto me adapté y qué rápido. Será que uno ya viene con el chip preparado para estas cosas. O que es Argentina. Si me pongo a pensar, en Capo llegué a hacer algo como lo que hice con mi hermana, manejar esas distancias, y con esa tranquilidad... mmm... dejame pensar... creo que me llevó seis meses por lo menos. ¿O más? Creo que un poquito más.
El invierno también tiene que ver. Te encierra más.

Ah, dejo de filosofar baratamente. Me llaman a la realidad los gritos de la gordi.
¿Vieron las fotos? De la gorda cada vez más gorda, y del flaco cada vez más flaco (y pelado).


domingo, 12 de febrero de 2012

domingo a la mañana

Mi hijo es fanático de los deportes. Quizá es una consecuencia lógica de ser el hijo de un deportista profesional, una madre que siempre ha disfrutado de practicar y mirar deportes, e hiperactiva por naturaleza (hasta que en algún momento de la vida se me desencadenó el gen fiaca, o el gen adultez, por el cual siempre hay algo más importante que dedicarme a mover las cachas) o no sé, es él así y punto. Su fanatismo pasa, por ejemplo, por despertarse y que la primera cosa que haga sea prender el televisor y mirar "deportes, por favor, mamá". Eso implica fútbol, rugby, básquet, tenis... en ese orden. Pablo suele contar como anécdota que en Italia se levantaba a las siete y media y ponía Rai Sport Italia y miraba cualquier moco que encontraba, como ciclismo de los años '50 en blanco y negro. Y es verdad.
Después de la dosis televisiva, empieza la cuestión motriz. Tenemos un aro (de básquet, tengo que aclarar??) que transportamos para todos lados, comprado en Decathlon y con el que empezó a meterla desde antes de caminar!!! La pregunta obligada es: "mami, es la hora de la siesta?", así sabe si puede empezar a picar la pelotita. Después sigue fútbol, pateando contra aros improvisados en las puertas y yo pidiéndole por favor que evite manchar las paredes del departamento a estrenar en el que nos hemos metido. Y por último el tenis, con su mini raqueta también de Decathlon (por qué no existe algo así acá, eh??) corriendo por los pasillos y pidiéndote encarecidamente que seas su entrenador.
Algo así, casi todos los días, a prácticamente toda hora... menos mal que mañana empieza el jardín.
Esto venía a colación porque esta mañana, cuando estaba mirando rugby, Nueva Zelanda e Inglaterra, y después Argentina y Sudáfrica, preguntando nombres, números de jugadores, banderas, etc, etc, etc, todo lo que puedas imaginarte, me dice: "MAMI, SI ESTO SE JUEGA EN ARGENTINA (que de hecho, no), QUÉ SUERTE TIENE LA ABUELA!!"... "¿por qué, hijo?"... "ELLA ESTÁ EN MORTEROS, EN ARGENTINA!!!"... claro, porque Corrientes, no está en Argentina para vos, no es cierto???!!!! Y no hay forma de hacérselo entender. Argentina es sólo una para él. El lugar donde están sus abuelos, sus bisa, su perra Sasha, su gato Ricardo, mis amigas y sus hijos, su inseparable amiga Cata...
Qué dulce confusión que tiene, mi vida.

jueves, 2 de febrero de 2012

Del Mediterráneo al Paraná

Aquí sigo, gente. Ocupada lidiando con el calor, los niños, la casa, el trabajo, y la felicidad constante de saberme en Argentina. Muy ocupada tratando de aprender el arte de hacer un buen tereré. Ocupadísima en vivir el momento. Hoy estamos aquí, en Corrientes. Una ciudad hermosa, con las típicas contradicciones de la Argentina, pero hermosa al fin y al cabo. Por suerte no perdí la capacidad de asombro y sigo divirtiéndome como una niña con las cosas nuevas, como la gente que anda con sus termitos y sus reposeras como incorporadas al cuerpo, para todos lados. O la alegría de ver playas de arena doradas junto al Paraná, algo que nunca hubiera imaginado. Y saber que toda esta belleza es nuestra, es mía, es argentina.
Decía, retomando, hoy estamos aquí, mañana no sé. Pero no me importa. Tengo todo lo que necesito para ser feliz. Tengo, fundamentalmente, la decisión tomada de querer ser feliz a toda costa, y eso creo que es lo importante.
Quiero seguir escribiendo más seguido, de pequeñeces, las pequeñas cositas que me hacen feliz cada día, o que me enojan, o que me cansan, o que me divierten. Pero a veces sencillamente no hay tiempo. Ojalá sigan por ahí. Yo, aunque muda, ando deambulando por los blogs de todos. Sepan disculpar los silencios prolongados! Ahora los dejo, que se me entibia el tereré!! :-)

viernes, 30 de diciembre de 2011

La más esperada

Fue la Navidad más esperada y más bella de mi vida, creo. Después de siete años, compartirla con mi familia, con mis hermanos, con mi mamá, con mis abuelos, y también con mis hijos, sus sobrinos, sus nietos, sus bisnietos... fue como la coronación de un sueño. Cursi, sí. Pero real.
No caigo todavía en que estoy viviendo mi vuelta a la Argentina, ando como de vacaciones, tengo mis trabajitos virtuales, como siempre, pero creo que nunca estuve tan relajada en mi vida. También es el primer verano que vivo a full después de siete años de inviernos seguidos. Es como demasiado, todo lindo, todo bueno, todo de golpe. Tengo sobredosis de felicidad. No me alcanzan las noches para cenar con amigos, y los días para compartir en la pile, y después de Año Nuevo me instalo definitivamente (por un par de meses) en Corrientes!!! De la escasez y la búsqueda incesante de yerba en Italia, me voy a la cuna, a la tierra de Taragüí, y estoy tan emocionada que ya me quiero organizar una excursión a la estancia Las Marías, jajaja.
Los niños, más felices que yo. Emilio ya ni pide por mí, es un "Malennnnnn" permanente, pidiendo por su abuela constantemente. Eso ya no me gusta tanto, je. Supongo que apenas retornemos a nuestra rutina y a nuestro hogar, se le pasará. La Feda, como la bautizaron mis hermanos, crece a un ritmo sorprendente. Nunca creí que podía tener una hija tan rechonchita y tan feliz. Ríe y sonríe. Y crece al ritmo de mi teta. Motivo de orgullo extra. Anteayer tuve una contractura general, claro, pero por suerte la fisioterapia hizo maravillas.
Esto es casi todo por el momento, gente. Seguiremos transmitiendo desde nuestro nuevo destino en breve! Feliz 2012 para todos!!!!!

martes, 13 de diciembre de 2011

Aryentain

Felicidad total, después de siete años sin veranos... estoy viviendo un verano en Argentina. Algunos lo sabrán por face, para otros será una novedad absoluta, pero es así y todavía casi que tengo que pellizcarme para darme cuenta de que todos los presagios, deseos, puteadas y expresiones de necesidades varias que he ido diseminando por este blog parece que han sido escuchados por la voluntad celestial: estamos en Argentina, y me parece que esta vez es como definitivo. Y volvernos significa que a Pablo le salió esa oportunidad que estaba esperando de volver al básquet de Argentina a un buen nivel. Todo redondito. Costó el altísimo precio del estrés de enterarte un miércoles de la posibilidad, el jueves hablar con el presidente, el viernes preparar todo para ir a jugar de visitante sin poder decirlo a nadie, ganar el domingo, lunes conferencia de prensa y armar valijas y cajas, despedirse de amigos, del cole de Emi, y pedir perdón a todos los que no llegás a saludar, pero la felicidad y el vértigo son tantos... el jueves subirse a un avión y llegar a Buenos Aires, con la bebita bastante llorona, y tantos bártulos que espero no tener nunca más que cargar, despedirme de Pablo que se va camino a Corrientes (sí, nunca más penar por no conseguir yerba!) y yo subirme a otro avión camino a Córdoba. Emilio que grita "y los abuelos donde estánnnn????" apenas pisamos suelo cordobés, Fede que se calma en el instante en que respira el aire de Pajas Blancas, y sonríe a todos desde el marsupio en el que la llevo, como si supiera que ése es su lugar en el mundo. Y aquí estamos, mucha pileta, algo de toses y mocos, de nuevo en la siempre abierta y generosa casa materna, con Pablo que no deja nunca de entrenar y jugar, viendo de nuevo y siguiendo por radio los partidos de Liga, como cuando teníamos 18 años y tantos sueños. La misma gente, otra gente, el mismo sabor, la misma calidez humana. Saber que estamos de vuelta. No tiene precio.