Quizá ése tendría que haber sido el nombre del blog, pero "itinerante" sonaba más lindo... jeje (qué fantasma sos, diría mi hermano).
La cuestión es que así estamos, gitaneando; acomodándonos de aquí para allá, como hace un par de años supe que iba a ser mi vida. Y no me desagrada del todo. Está bueno cambiar de aires, conocer tierras nuevas, ponerse a prueba en cada recomenzar. No está para nada bueno dejar la gente que uno quiere, a uno y otro lado del océano, sentir que siempre dejo un pedacito mío en algún lugar, un pedacito con el que no me reencontraré jamás.
"Al lugar donde fuiste feliz nunca debieras tratar de volver"...Escuchando Sabina con Ana, mi hermana, ella me dijo "escuchá esta frase". Es simple, creo que forma parte del sentido común, y no de la inventiva de nuestro querido cantautor, pero no deja de sorprenderme y de dejarme atontada un ratito más, un poquito más de lo que estoy...
Estuve dos semanas en Morteros, mi pueblo, donde están mi madre, mis abuelos y algunas de mis amigas más queridas. En mi casa de toda la vida. Enfrentándome todos los días al sabor agridulce que tiene el repaso de nuestro pasado. En esa casa nos criamos, crecimos, fuimos felices. Grabamos programas de radio, pasamos tardes enteras cosiendo ropita de muñecas, cocinando scones, recortando Billiken. De esa casa, días después de haber cumplido mis 15, también vi salir a mi papá en una silla de ruedas para no verlo volver a entrar nunca más. De esa casa quise también muchas veces escapar como para huir de ese recuerdo. Allí también, poco después, con el corazón acongojado pero tan ávidos de cariño, le abrimos las puertas a ese chico de 17 años, mi primer amor, mi gran amor, mi actual amor. Que caía con helado y cucuruchos y obviamente nos tenía en el bolsillo a todos. A mí, mi mamá y mis tres hermanitos. En esa casa vive hoy mi mamá con su nueva pareja, que (ya sé que es muy de culebrón, pero es así mi vida) es el padre de ese chico, de mi gran amor.
Ahora estoy en Córdoba, la ciudad en la que estudié, en la que hice realidad muchos de mis sueños de chica de pueblo... ir a la universidad, trabajar como periodista, conocer un diario, escribir para ese diario! Ahora vuelvo de otra forma. Logré que con mi chico nos alquilemos un depto amoblado, chiquito, pero donde podemos estar los dos solos. Un refugio. Un lugar donde podemos escaparnos cuando todos los fantasmas y los recuerdos nos acechan. Un lugar nuevo, en el que estamos tratando de ser felices, de vivir el hoy, y de pensar poquito a poco el futuro.
Todavía no sabemos cuál será nuestro próximo destino, seguramente Italia nos esperará de nuevo, ojalá la Cerdeña! Hay algunas posibilidades. Ya iré contando.
Mientras tanto sigo en mi refugio. Que, entre sus muchas virtudes y poquitos defectos, tiene banda ancha inalámbrica!!!!!!!! (¿vieron con qué poquitito ya soy feliz?).