sábado, 8 de mayo de 2010

Confiar o no confiar, ésa es la cuestión (II)

Seguimos con los dilemas. El asunto es que el otro día me quedé mal, hasta enojada y como ofendida, y me dieron ganas de mandar a la mierda a un tipo, pero lo necesitaba para una nota. Entonces no, no daba. Pero lo tendría que haber hecho. Aparte, estoy convencida de que soy incapaz de mandar a la mierda a alguien. Creo que nunca lo he hecho. Sigo sin darle demasiada bola a lo que siento y eso está mal, muy mal, maguita, no aprendés más.
Mando mail presentándome (nombre y apellido y el diario para el que trabajo), pero claro, yo trabajo por afuera, y tengo mi cuenta personal de gmail, no del diario. El tipo me respondió en un primer momento muy bien, muy amable, me mandó su enorme currículum pegado en el mail, y me dijo que sería mejor que nos encontráramos personalmente. Yo respondo diciendo que me encantaría, pero que eso es imposible, porque estoy en Italia. Pero que por suerte, gracias a Internet, puedo seguir trabajando y colaborando con varios diarios. Me responde de nuevo dos frías líneas diciendo: "cómo puedo saber que de verdad trabajás para el diario, dame más referencias y seguimos hablando".
Aaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhh buenoooooooooooooooo.............................
Yo no sé, si soy muy confianzuda, si me habitué a esta vida virtual (hasta demasiado), si me olvidé de cómo es el argentino medio. Esta persona podría haber hecho una googleada rápida con mi nombre y encontraba decenas de notas. No hay muchas otras periodistas con mi nombre.
Doy enseguida mil vueltas a la tortilla y mientras sigo en dilema sobre qué hacer, pienso en cambio en cuál es mi actitud habitual. Este año, me embarqué en un nuevo trabajo sin conocer más que por referencias virtuales a la gente con la que me ponía a laburar. Durante tres meses laburé mucho, ocho, nueve, diez, doce, trece horas por día sin ver un mango. Pero la agencia tenía excelentes referencias, y la persona con la que yo trato aún hoy por skype y mail es sencillamente divina. Humanamente me cierra. Y es como que a mí las intuiciones no me fallan.
Después de tres meses vi el primer pago. Y allí empezaron a llegar uno atrás de otro, siempre con retrasos, pero no importa. El trabajo es constante y me encanta. Y arriesgarme, aun pagando un precio enorme, valió la pena. Y en dos meses de laburo gano lo mismo que en un año de mi trabajo habitual en Argentina. Pequeña diferencia que hace la diferencia.
Por eso mismo me chocó la actitud de este tipo. Porque yo de antemano confío. (Y porque existe google hombre, existe internet). Es sólo la segunda vez que me pasa en nueve años de laburo, que alguien a quien le escribo por una nota desconfíe de que en realidad la voy a publicar y no le estoy jodiendo la vida.
Final de la historia: le escribí un mail detallando al menos diez links a mis notas, que me tomó veinte minutos de mi precioso tiempo, y ofreciéndole también que escriba a la redacción del diario, a lo que respondió "con eso alcanza y sobra, gracias". Quizá esos veinte minutos eran los que tardaba en buscar otro contacto para la nota. Pero qué le vamos a hacer. Así es mi vida. Llena de segundas oportunidades. Y terceras, y cuartas, también.

9 comentarios:

Alicia Seminara dijo...

Salvando las distancias, este año que pasó tuve "alguna cosa" con unos argentinos (no voy a dar detalles) y me rompían bien la paciencia con tantos cuestionamientos, hasta que una amiga mía me dijo "Alicia, son argentinos y son desconfiados!"

Ahí caí. Me había olvidado de que los argentinos somos así (digo somos porque soy argentina, no porque sea desconfiada) pero yo ya me había acostumbrado a estas tierras donde nadie es sospechado a priori. En fin.

virgi dijo...

Hay que sacarle partido a las oportunidades, sean primeras, segundas, terceras...o últimas.
Estupendo que te vaya bien ,disfruta.
Muchos besos, gracias por tu visita.

Genín dijo...

Bueno, demás está decirte que en esta vida hay mucha gente desconfiada, pero en este caso, como bien dices, sin necesidad de molestarse demasiado, el tipo se pudo haber informado sin problemas, debe de ser uno de esos que piensan que todo se lo tienen que dar mascado...
Salud y besitos

Mariana dijo...

No solo, como dice Alicia, los Argentinos somos desconfiados y siempre esperamos/pensamos lo peor; sino que creo... la gente como vos o yo que viven con la computadora abajo del brazo, que trabajamos con la computadora; ya estamos acostumbrados a hacer de todo a traves de ella... el miedo como que se fue.
Por otro lado, el otro... no solo desconfiado sino tambien vago. Como decis vos... google querido, escribile a la redaccion... pero move vos.... ni se merece una nota ese.

Mai dijo...

Yo soy desconfiada (como buena argentina!) pero cuando algo me parece de proveniencia dudosa lo busco en internet!
El tipo no sé si ingenuo o vago... porque se jugò la buena onda que tenìas al principio y te predispuso de mal modo!
Igualmente, como que le tapaste la boca, porque te dijo: "con esto es suficiente" Como para que aprenda!
Como dice mi mamà: No des por el pito, màs de lo que el pito vale!
Pero eso sì, dejate guardado el mail enviado con todos los links por las dudas que algùn que otro argentino desconfiado te vuelva a pedir referencias...
Besos Maguita y disfrutà del sol

Valeria dijo...

Mi Mamá siempre dice "el que mal hace, mal piensa". Por eso cierta gente pregunta y pide referencias mas de lo que debiera.

Paula Visne dijo...

te iba a decir algo como lo de Marian; creo que algunos tienen mas "predisponibilidad" que otros a ciertas cosas ...

(de todas maneras creo que mandar a la mierda, de vez en cuando a alguien ... es liberador! probà! dale!)

besote!

Cookie dijo...

que paciencia que tenes para dar tantas oportunidades!!
yo ya lo hubiera mandado a la m....

Maguita dijo...

gracias por compartir sus experiencias!! no soy tampoco tan tan tan confiada eh, estuve recapacitando un poco y me doy cuenta que también tengo los resabios de toda argentina. Ahora hay un tipo que nos persigue para abrir una cuenta en el banco, y pregunta insistentemente que cuánta plata vamos a depositar, que cuándo, que cómo... y yo no puedo evitar que todo me huela mal!