martes, 14 de junio de 2011

volviendo sobre mis pasos

Con respecto al mundito feliz, tengo que retractarme. Maldita prejuiciosa. Es sano reconocer los errores, ¿no? También en el blog. La fiesta estuvo mejor imposible, el lugar me sorprendió, y no sé cuánto tuvo que pagar mi amiga al final, aunque sacando cuentas un cumple en casa cuesta casi lo mismo, pero nos insistió para que nos quedáramos y fuimos varias madres que terminamos ahí, charlando charlando charlando, y dándole al morfi, que sí, confirmo para Ali y Betty, el problema es ése, las mamás comen mucho en los cumples.
El saldo de un fin de semana de comer sin tregua, incluida fondue bourguignonne de mi mamá, un clásico en esta casa cuando se quiere festejar algo, es que me siento literalmente un elefante. Cada vez más limitados los movimientos, y mi cara comienza a hincharse de manera considerable. Estoy hermosa para esperar a mi maridito. Y las cenizas que insisten en seguir posándose sobre Buenos Aires. Siguiendo con la temática paquidérmica, Pablo diría que él está meado por un elefante, siempre hay problemas con los vuelos cuando nosotros (y más precisamente él) tenemos que viajar! Pero yo necesito con carácter de urgencia al padre de este niño porque ya cositas cotidianas como cambiarlo (perseguirlo para ponerle las medias, las zapatillas, el guardapolvo), o bañarlo (e insistirle para que se lave el pelo, se deje enjuagar, salga de la bañera), o acompañarlo a jugar al parque, se me están haciendo una odisea, y termino agotada como después de correr una maratón. Bueno, dicen que es la diferencia entre el embarazo a los veintipico y a los treintaypico, yo creo más bien que es la diferencia entre el segundo y el primero, aunque no voy a negar que tampoco tengo la agilidad de antes. Ni la agilidad, ni la lucidez mental, ni varias otras cosas. Pero creo que estoy un poquitín más sabia. O tengo menos miedos. O dejo más espacio a mi parte instintiva. Qué sé yo, depende de cómo lo quieras ver.
Ahora espero con ansiedad la ecografía que me harán en una horita para ver si la niña engordó tanto como yo, más le vale (ay, por un segundo me sentí como en Precious, ¿vieron la peli? no es lo más para una embarazada casi a término, pero está buena).
Ya vengo... me voy despacito, despacito...

viernes, 10 de junio de 2011

El mundo que supimos conseguir

Mundo feliz se llama el saloncito de fiestas más cool de mi ciudad (veinte mil almas en la pampa húmeda cordobesa, los/las vuelvo a ubicar por si acaso). Emilio ama ese lugar, lleno de peloteros y castillos inflables, y una onda campestre, está bueno. A mí también me hubiera encantado ir a fiestas ahí, o sólo a saltar a uno de esos juegos. Si me acuerdo que una vez cada muerte de obispo venía un globo gigante a instalarse en la esquina del viejo molino del pueblo, y nosotras grandulonas, aunque estábamos en primer año del secundario, nos íbamos a pasar la tarde (o lo que nos alcanzaran las moneditas que llevábamos) a saltar en lo que creo llamábamos "caminata lunar". Ahora el sábado es el cumple de ocho añitos del hijo de una de esas grandulonas. Y lo festeja en este mundito feliz. La fiesta básica le cuesta 800 pesos para 35 chicos. Creo, haciendo cuentas, que si uno organiza en su casa te cuesta más o menos lo mismo cocinando para tantas personas niñas y adultos. El problema son los adultos. Incluye sólo a 5. ¿Y el resto? 35 mangos cada uno. Yo que pensaba ir a instalarme toda la tarde ahí, a charlar con por lo menos veinte madres de niños, que nos conocemos todas, que está re bueno juntarse a cotorrear en estos eventos, porque no me digan que no está bueno. Bah, conozco gente que detesta ese tipo de reuniones con niños de por medio, pero a mí me encanta. Me encanta ver a mi hijito divertirse y jugar, y yo charlar con pares. Se ha convertido en una de mis actividades favoritas. Pero a ese costo, es como prohibirte la entrada, es como abolir una práctica tan natural como espontánea. Digamos que como especie por ahí siento que estamos yendo para atrás... definitivamente para atrás.

miércoles, 8 de junio de 2011

cambio de hábito

Bajé las revoluciones, empecé a dormir más (simplemente a dormir, y no ese simulacro que hacía antes), bastó que la doctora me alarmara un poco y me dijera que la panza estaba medio chiquita y que la beba al límite de peso para que la culpa de madre me asaltara y se apoderara con todas sus fuerzas de mí. No alzar a Emilio, no agacharme y levantarme mil veces a juntar juguetes o a jugar con él por el piso, o jugar al fútbol o al básquet... ah, ahí me cuesta un poquito más, pero también trato de que él entienda mis no.
Pero parece que surtió efecto. Más allá de que empecé a cosechar los primeros "qué panza grande!" en el octavo mes de embarazo, finalmente, ayer tuve la confirmación con mi doc que también me dijo que en quince días de este "cambio de hábito" la panza creció visiblemente y la altura uterina había aumentado muchísimo!!
Mientras tanto, Emilio está terrible, terrible, terrible con todas las letras. Pero creo que alguna que otra razón tiene, no? El papá que se quedó allá, acá que es todo nuevo (divertido, copado, pero nuevo en fin), adaptarse a un nuevo jardín, a nuevos horarios, la hermanita en ciernes... me llama la atención que pareciera no extrañar tanto a Pablo, pero se ve que son rasgos de su personalidad, que no expresa demasiado, porque por ahí le salta la ficha con cosas extrañas. Debe haber dicho sólo dos veces "quiero a papá" desde que llegamos. Pero a veces se pone sensible y llora por nada cuando vemos o hablamos de cosas relacionadas con Pablo. Ya no queda nada. En exactamente una semana estaremos yendo a buscar al reciente campeón (sí sí, dos al hilo) al aeropuerto de Córdoba!!!!!!
Yo ando como si... no sé... como un retorno a la adolescencia, serán los instintos y las hormonas, las puertitas del cerebro que empiezan a cerrarse, diría la psicóloga del curso preparto al que voy, una necesidad así como medio posesiva de Pablo, una ansiedad medio estúpida de que "viene y lo tengo que compartir" que hacía años y años no sentía. Y bueno, en la cuenta regresiva al parto se nos permite casi todo, no? como perder la billetera y buscarla durante horas, y que esté abajo del asiento del auto, ése que juraste haber revisado dos veces súper bien... o al día siguiente de ese episodio y habiéndote martirizado jurando poner cabeza, te dejes en la primera visita a amigos la cartera olvidada... juro que hago mi mejor esfuerzo, pero tengo un problema vital con llaves, teléfono, cartera y billetera. Siempre lo tuve. Y embarazada, mejor ni hablemos.
Se levantó el niñito, vamos a prepararnos para el primer turno de jardín... lo estoy mandando dos o tres horitas a la mañana y dos horitas a la tarde. Se divierte muchísimo pero cada día es una lucha para convencerlo. Esto no termina másssssssss!!!!!!! es la lucha eterna entre la guardería y el "me quiero quedar con vos mamita linda"!

martes, 31 de mayo de 2011

maternidad, siempre la maternidad

este blog está medio moribundo, falto de tiempo y de inspiración... pero miren qué bueno se puso todo por allá!

lunes, 23 de mayo de 2011

a los saltos!

Mi panza está a los saltos, ya no son suaves pataditas lo que Federica utiliza para comunicarse conmigo, sino verdaderos pogos internos, que por supuesto me ponen súper feliz. En algún momento voy a tener que ir parando el ritmo pero por ahora no pude. El trabajo se me acumula y esa maldita costumbre de no saber decir que no. Sabelo, nena, no sos imprescindible, nadie es imprescindible. Me había jurado durante el puerperio de Emilio que con el próximo embarazo me tomaría un buen tiempo de exclusividad para recibir al recién llegado... pero si sigo así (dos meses justo faltan para que se cumplan las 40 semanas!) no creo que se tuerza mi destino tan fácilmente. El primogénito está alteradísimo, el padre ya por empezar a jugar la final del campeonato del otro lado del océano, y nosotros aquí, disfrutando de la tranquilidad infinita de estar en casa de mamá, ese abrazo inmenso que todo lo abarca y todo lo puede. No sé por qué, tengo la leve sensación de que esta niña será algo más dócil que su hermano mayor. Por empezar, en la última ecografía confirmaron mis sospechas: ya está cabeza para abajo, no como el tozudo de Emilito que jamás de los jamases se dignó a girarse. Y mi doctora me apoya para intentar el parto natural (con Emi fue cesárea, como ya les dije)!!! Todo más que bien. Esta semana, como muy buena alumna que soy, empezaré el curso preparto porque sí, lo admito, me olvidé de todo y quiero practicar la respiración. ¿Cómo era? ¿El trencito? Así las cosas, me despido por ahora. Y dejo unas fotos de nuestros paseos otoñales por mi pueblo de la pampa húmeda cordobesa.






lunes, 18 de abril de 2011

Otro año de número 1



Ayer fue el último partido de serie regular (regular season, para los NBA lovers que hay por ahí, jaja). Y otro año más, terminamos -sí, no tengo ningún problema en incluirme- primeros. Me incluyo porque en el esfuerzo colectivo que significa que a un equipo deportivo (o cualquier otro equipo) le salgan las cosas bien, no podemos dejar afuera a todos, y fundamentalmente todas, las que hacemos el aguante afectiva y logísticamente.
Una vez más, se lo merecen. Se lo re merecen. La sociedad, más allá de algún que otro detallecito financiero, se lo merece. Se lo merece la ciudad. Se lo merecen los hinchas. Pero sobre todo se lo merece el equipo, con mi maridito y toda su enorme fuerza de voluntad y su carisma y su empuje y su generosidad a la cabeza. Claro que sí, no voy a hacer uso de la falsa modestia, se lo merecen todos y sobre todo él, y cómo.
Lamentablemente, el primero no asciende directo, como el año pasado, que el 29 de abril ya estábamos LIBRES!! Ahora se vienen los play-off. Con toda la emoción que conllevan. Y yo ya no voy a estar en cada partido... me duele en el alma, y en el último partido de local, que no fue el de ayer, casi me largo a llorar pensando en todo lo que me iba a perder. Pero sigo pensando que no hay muchos escollos por delante, será dura, sí, pero van a ganar el campeonato una vez más. Y si todas las señales no nos están jugando una mala pasada, con mucha probabilidad volveremos a Capo, a disfrutar otra temporada, a pelear otro campeonato, a estar más cerca de esa serie A1 que toda la ciudad sueña recuperar.
Mientras tanto, en estos días, los primeros chapuzones, aun con el agua helada, asados frente al mar, pesadillas con las valijas y los aviones porque son inevitables cuando estamos en la cuenta regresiva, cinco kilos ganados de golpe y todos juntos para Federica, mucho trabajo pero también tiempo infinito de juegos con Emilio, juegos imaginarios, como a la maestra y el niñito Tommaso, o a ser los padres de Antonio (el hijito maleducado que encarna todas las travesuras que le reprochamos y castigamos a él! que una psicóloga me explique este juego!), o también, al bebito chiquito que gatea, pide teta y no sabe hablar (para éste no necesito explicaciones psicoanalíticas).









sábado, 2 de abril de 2011

algo así como un balance

Me cuesta arrancar con el blog, aunque las energías han vuelto para todo el resto. Sin dudas el segundo cuatrimestre del embarazo (voy a decir una perogrullada, una verdad archi trillada, pero es así) es el mejorcito y hay que aprovecharlo. Estoy en la semana 23, casi 24 y hasta hace unos días, la verdad que casi que ni me sentía embarazada.
Me siento como en época de balances. Raro por ser 1º de abril, pero mi vida sigue estos extraños ritmos, ya lo sabemos. En poco más de 20 días armo las valijas de nuevo y me vuelvo a Argentina con el niño. El señor padre de las criaturas volverá con suerte a mediados de junio, con menos suerte a fines. Pero esta niña, mi Fede, debería estar llegando a fines de julio, así que... que aguante.
El 2010 fue demasiado bueno para nosotros. Viste cuando te pasa todo, todo lindo en un año. Todo bueno. Da como miedo. Porque dicen que el mundo es así, que la vida cumple la ley de compensación, el yin y el yang. Pero disfrutemos mientras tanto, que seguimos en la buena. Cada tanto quiero mirar hacia atrás en el blog, a veces lo hago, otras me da terror enfrentarme a sufrimientos pasados. Llegar a Capo, a Sicilia, a este lugar increíble, a un equipo y una ciudad que respira básquet, y básquet profesional, ganar un campeonato, quedarte en el mismo lugar, encontrar buena gente año tras año, seguir en la misma casita -mínima- pero nuestra casita, tirarme a la pileta con los servicios de traducción y que me vaya tan bien como nunca podría haberme imaginado, encontrar gente maravillosa también a través de este trabajo, seguir trabajando con la gente de Argentina que es también gente maravillosa, poder dar trabajo a mis amigas y colegas, tener la suerte de poder contar con gente, y confiar en la gente. Y eso, la gente, la gente. Las personas. Cuánta diferencia pueden hacer las personas.
Emilio es capítulo aparte. Párrafo aparte. Un mundo aparte. Es TODO. Pero bueno, ahora también está la Fede, je. Es ir a buscarlo al jardín y sentir que brilla distinto. Es una boludez, es sólo que él levanta la mirada y le brillan los ojos, le brilla la sonrisa de oreja a oreja, le brillan los cachetes, todo, porque claro, llegó su mamá a buscarlo. Qué boluda soy. Y brilla todo para mí también. Finalmente encontré un jardín al que va contento. Recuerdo haber escrito posts angustiada porque lo dejaba en el jardín llorando, y nunca nunca pude antes "comprar" la idea de las guardes y los jardines porque de verdad que Emi no la pasaba bien. Ahora... lo dejo y tiene tantas ganas de entrar a jugar con sus compañeritos y hacer actividades, que me cierra la puerta en la cara. Tiene una maestra que tendrá 55 años (la otra también ronda esa edad) pero es una GENIA. No sé, debería escribir un post aparte sobre la escuela y el jardín, lo sé... porque para mí es una maravilla, otra bendición que se sumó a todas las de estos últimos años.
No sé, qué más puedo decir, quizá sólo gracias. Gracias.